Skyline Badajoz
Skyline de Badajoz, contemplado desde el Puente de Palmas sobre el río Guadiana, despliega una silueta donde la historia almorávide se entrelaza con la modernidad extremeña. El perfil arranca en la orilla universitaria con la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación de la Universidad de Extremadura, antes de alzarse la inconfundible Torre de Espantaperros —o Torre de la Atalaya—, centinela almohade que sobresale entre los tejados encalados. Más allá emerge la sencilla espadaña de la Iglesia de la Concepción, preludio de la Plaza de la Soledad, donde la blanca Ermita de la Soledad comparte protagonismo con La Giraldilla, réplica modernista de la torre sevillana.
La vista se eleva de nuevo hacia la robusta Catedral Metropolitana de San Juan Bautista, cuyo campanario renacentista domina la Alcazaba. El recorrido desciende luego hasta la monumental Puerta de Palmas, arco herreriano que abre la ciudad al río. Finalmente, la panorámica se prolonga en los tirantes blancos del Puente Real, que cruza el Guadiana como un lazo contemporáneo y cierra este horizonte de piedra, agua y brisa extremeña.
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Skyline de Badajoz, contemplado desde el Puente de Palmas sobre el río Guadiana, despliega una silueta donde la historia almorávide se entrelaza con la modernidad extremeña. El perfil arranca en la orilla universitaria con la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación de la Universidad de Extremadura, antes de alzarse la inconfundible Torre de Espantaperros —o Torre de la Atalaya—, centinela almohade que sobresale entre los tejados encalados. Más allá emerge la sencilla espadaña de la Iglesia de la Concepción, preludio de la Plaza de la Soledad, donde la blanca Ermita de la Soledad comparte protagonismo con La Giraldilla, réplica modernista de la torre sevillana.
La vista se eleva de nuevo hacia la robusta Catedral Metropolitana de San Juan Bautista, cuyo campanario renacentista domina la Alcazaba. El recorrido desciende luego hasta la monumental Puerta de Palmas, arco herreriano que abre la ciudad al río. Finalmente, la panorámica se prolonga en los tirantes blancos del Puente Real, que cruza el Guadiana como un lazo contemporáneo y cierra este horizonte de piedra, agua y brisa extremeña.























